Prevemos un posible deterioro cognitivo cuando una persona presenta inconvenientes para concentrarse, recordar, aprender y tomar decisiones con relación a su cotidianidad.
Un estudio que hizo seguimiento durante 10 años a una muestra de 24.448 participantes de 45 años y más sugiere una relación directa entre una vida con mala gestión del estrés y un desenlace de deterioro cognitivo — con una probabilidad del 37% para quien ha vivido sumergido en estrés crónico.
En escalas pequeñas el estrés es positivo — nos mueve a la acción. Cuando entramos en un estado de estrés, el cuerpo se prepara: el cerebro está alerta, los músculos se sienten más rígidos, el corazón late más rápido. Pero si estas sensaciones se activan sin un motivo real, o se extienden demasiado en el tiempo, puede tratarse de estrés crónico.
El estrés crónico es una de las causas de la presión arterial alta, insuficiencia cardíaca, diabetes, obesidad, depresión, ansiedad y problemas en la piel y el ciclo menstrual, entre otros. Algunos síntomas tempranos de alerta: diarrea o estreñimiento, mala memoria, dolores de cabeza, dolores focalizados, cansancio, dificultad para concentrarse, problemas sexuales, dormir mucho o muy poco, y desorden en el peso.
Si el estrés está afectando tu vida, es importante que asistas a consulta con profesionales en salud mental y física para determinar el proceso terapéutico que te permita retomar tu vida en calma, recuperar tu salud, y aprender a disfrutar el diario vivir.