La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) mantienen encendido el foco de alerta respecto de la depresión en niños y adolescentes.
Los informes de los últimos años de estas organizaciones alertan además por el riesgo de suicidio: se estima que cada 11 minutos fallece por suicidio un adolescente en el mundo, siendo esta la 5ª causa de muerte de adolescentes en el planeta. Aproximadamente 186 millones de adolescentes son diagnosticados con un trastorno mental — cerca del 13% de la población adolescente mundial. De ese 100% de diagnósticos, un 40% se especifica en depresión y ansiedad.
Causas
Los contextos en que todo sucede: en primer lugar la familia, el núcleo principal; en segundo lugar los establecimientos educativos; y en tercer lugar las amistades — vínculos que a veces llegan a ser más fuertes que los de la propia familia.
Una causa creciente tiene que ver con el aislamiento "social-palpable" — el contacto físico perdido, bloqueado por la cada vez mayor dependencia a los dispositivos tecnológicos. Otra causa es la distorsión del concepto de felicidad: en un mundo apresurado se vende una felicidad efímera, a través de redes sociales, cine, música y falsos ejemplos de éxito.
La adolescencia es ya de por sí una etapa compleja, llena de cambios fisiológicos y de comparación con los demás. Si a eso se suman depresión y ansiedad, tendremos adolescentes muy vulnerables a la influencia de los contextos — y nos corresponde estar ahí, pendientes, apoyando.
Puntos de alerta
- Abandono repentino de un deporte o hobby que antes amaba.
- No desea salir de la casa o quiere mantenerse en la cama.
- Cambios en los hábitos alimenticios.
- Amigos o docentes reportan cambios puntuales, como irritabilidad o un decremento inesperado en el rendimiento académico.
La presencia de estos u otros signos no significa necesariamente un trastorno mental, pero sí es una señal de alerta para pedir ayuda — siempre será mejor prevenir que lamentar. Si se evidencian autolesiones, consulte de inmediato ayuda profesional.
Prevenir e intervenir
Aumentar el número de interacciones sociales-palpables diarias: un abrazo, prestar atención, escuchar — siempre escuchar. Implementar juegos de mesa y actividades en grupo. Sentarse cerca del adolescente, en silencio, para que sepa que usted siempre está ahí. El deporte también es clave: se recomiendan mínimo 30 minutos de ejercicio al día.
En terapia se aborda cada caso detalladamente — se analizan factores de riesgo y mantenedores, y se trabaja en el desarrollo de habilidades ante la solución de problemas. Solemos recomendar vincular a la familia en el proceso.