Según algunos estudios e informes de la OMS se puede afirmar que en el mundo se encuentran aproximadamente 350 millones de personas afectadas por la enfermedad.

Algunas conductas depresivas pueden ser predecibles debido a acontecimientos tales como por ejemplo la muerte de un pariente cercano, problemas de salud, económicos, laborales o sentimentales. En esta condición tenemos un margen de tiempo en el que esperamos una tendencia a la normalización que de no darse si llevaría a la necesidad de ayuda con intervención psicológica.

En terapia tenemos en cuenta diversas sintomatologías (cognitivas, afectivas, motores) para clasificarla y diseñar la intervención terapéutica. Por ejemplo, podemos esperar tristeza, desmotivación, baja autoestima, pérdida de apetito, pensamientos negativos (de la propia persona, del mundo, del futuro), disminución en el peso y dificultades para conciliar el sueño, entre otros.

Algunos de los síntomas que podemos evidenciar y tener como referencia a modo de alerta son:

  • Tristeza profunda con o sin razón aparente
  • Apatía o falta de interés hacia actividades que anteriormente solían ser agradables
  • Sensación de culpa (con o sin motivo aparente)
  • Pensamientos negativos hacia si mismo, el mundo (interacción) y el futuro
  • Más de dos semanas presentando la sintomatología

Es indispensable asistir a psicoterapia dado que en algunos casos la depresión no tratada podría con el tiempo hacerse crónica e incluso llevar a desenlaces trágicos. En terapia el paciente adquiere las herramientas necesarias no solo para salir del estado depresivo actual sino para prevenirlo y actuar ante posibles futuras recaídas.